SOMBRAS RECOBRADAS -Robert Mitchum-

Reportaje realizado por: JOSÉ MARÍA RUIZ
Fotografías: -Extraídas de Internet-

FILMOTECA ESPAÑOLA -CINE DORÉ-
Recordando al actor:   Robert   Mitchum 
En la Filmoteca Española pasaré el mes de agosto 2017 acompañado de: Robert Mitchum, un actor que conocí en los cines de barrio, y que hoy en el Centenario de su nacimiento el Cine Doré de Madrid le rinde tributo cinematográfico. Pasen todos Uds. y visionen el gran cine de este inolvidable intérprete, que nos ha dejado impagables interpretaciones.

“¿Quieres que te cuente la historia de la mano derecha y de la mano izquierda? El combate del bien y del mal. Aquí está escrito ´odio´, fue con la mano izquierda con la que Caín asestó el golpe fatal a su hermano Abel. Aquí está escrito ´amor´. Mirad estos dedos, queridos hermanos, tienen venas que corren hasta el alma del hombre. La mano derecha es la mano del amor. Ahora mirad y os mostraré el triunfo de la vida. Estos dedos, queridos hermanos, están siempre luchando los unos con los otros. Fijaos. ¡Oh, el odio de la mano izquierda lucha! Parece que el amor va a perder, pero un momento, un momento, todo ha cambiado: ¡el amor gana! Sí, hermanos, ha ganado el amor. Y el odio de la mano izquierda ha caído fuera de combate”.

He aquí el “aria” clásica que con maestría interpreta Robert Mitchum en LA NOCHE DEL CAZADOR (1955), de Charles Laughton, con el estupendo guion de James Agee, basado en la homónima novela de Davis Grubb.
Un predicador tierno y elegante que enloquece y se vuelve una furia cuando el dinero anda por medio.
¡Qué aviesa mirada irrumpe en su rostro! ¡Qué carroñera mueca!. Una obra maestra del cine que conjuga la gran depresión americana del 29 con un siniestro cuento de hadas (el ogro es Mitchum, naturalmente), las imágenes poéticas (estilo expresionista) se deslizan por nuestros ojos a la vez que la perturbación se va adueñando de nuestro inconsciente. Un viaje por el terror, la senda del mal se abre a cada paso.

Y así se mueve Robert Mitchum: en la dicotomía. Mejor será escribir que los personajes que encarna Mitchum transitan por esos extremos, y a la vez puede mostrarse duro y frágil en una misma película, véase el caso de “El Dorado” (1967), de Howard Hawks, donde interpreta a un sheriff que es todo seguridad, competencia y profesionalidad, bien nos lo muestra la primera escena, donde la cámara lo encuadra en plano general por la espalda y caminando por el centro de la calle. Es todo vigor, una fortaleza que se desmigajará cuando llega una muchacha amable y con una historia triste, pero no era buena, y el sheriff se enteró por las malas, ella se fugó y él se dio a la bebida, no le ha puesto el tapón a la botella desde hace tiempo. Toda una zarrapastrosa figura, toda una obra maestra del cine.




VIAJE EN PRIMERA CLASE AL CINE

Y hoy, agosto de 2017, Filmoteca Española viene a rendir tributo al actor Robert Mitchum en el centenario de su nacimiento, un ciclo donde se podrán ver 15 películas, una trayectoria desde sus inicios en la productora RKO hasta su último trabajo para la gran pantalla, cinco décadas de cine que suponen todo un viaje en primera clase. Suban al tren, el paisaje es fascinante.

Conocí a Mitchum en los cines de barrio, y si la memoria no me falla le avisté por primera vez en “Duelo en el Atlántico” (1957), de Dick Powell. Ahí asumía el papel de capitán de un destructor americano que perseguía a un submarino alemán durante la II Guerra Mundial, un hombre que debía ganarse a la tripulación y demostrar sus dotes de mando, así como toda su sapiencia estratégica en esa partida de ajedrez contra el enemigo. Una notable película bélica.

También compartí un par de maratones con él, así en el cinestudio Griffith le encontré sobresaliente caracterizado de Philiph Marlowe en “Adiós, muñeca” (1975), de Dick Richards, donde tiene que encontrar a la novia de un matón, un corpulento gigante de dos metros que peca de inocencia, un encargo de poca monta que irá destapando cloacas, por ello recibió lo suyo, no se escapó de alguna paliza, el héroe derrotado. Y ya se me hizo inolvidable cuando en el cinestudio Ideal vine a ver RETORNO AL PASADO (1947), de Jacques Tourneur, una obra maestra del cine negro, con la presencia de la “femme-fatale” que trastornará la cabeza de este antihéroe, que ya retirado en un pueblecito y trabajando en una gasolinera verá cómo no se puede huir de lo que uno fue, Mitchum era de los hombres que perdían la cabeza ante rostros angelicales, pero perversas ellas. ¿Recuerdas “Angel face” (1953), de Otto Preminger?... Caía en la perdición.


Unas anchas espaldas que sobrellevaban el peso de la existencia, pero esto es más propio de atribuírselo a un director, por el concepto de autor. ¿Se podría hablar de actor-autor? Sí cuando este deviene en productor. Al fin y al cabo, se labró una carrera desde el “star-system”. Es una estrella, no cabe duda. Repitamos la frase: unas anchas espaldas para personajes que sobrellevan el peso de la vida.

Claro ejemplo de ello es HOMBRES ERRANTES (1952), de Nicholas Ray. Un western desmitificador, ambientado en el mundo del rodeo, y ya se sabe: “no hay caballo que no pueda ser montado, ni vaquero que no pueda ser derribado”… Y él lleva demasiadas caídas, su cuerpo está literalmente roto; si fue un campeón, hoy está en decadencia. Solo resta volver al hogar, allí donde fue feliz en la niñez leyendo cómics que aún se conservan guardados, pero en su camino aparecerá un joven vaquero deseando seguir sus pasos de gloria. A destacar el guion firmado por Horace McCoy, uno de los grandes de la novela negra.


Enraizado en el western clásico se divisa EL PÓKER DE LA MUERTE (1968), de Henry Hathaway, donde Mitchum vuelve a tomar los hábitos de predicador, y como estamos en territorio peligroso no es de extrañar que la Biblia conviva con el revólver, máxime cuando se desenvuelve la película entre lo fantasmagórico y lo policiaco.


Se comenta que nadie quería hacer RÍO SIN RETORNO (1954), de Otto Preminger; que ni siquiera se llevaban bien los actores, no obstante ha devenido en estela mitológica, máxime por la presencia de Marilyn Monroe y la escena de los rápidos en el río. No obstante, buceamos en el melodrama, donde un padre y su hijo caminan en pos de un hogar y unas tierras que trabajar, a ellos se unirá una cantante de tercera que ha sido abandonada por su compañero, juntos se enfrentarán a los indios y al río. La película pervive en el humanismo y el naturalismo.

Una vuelta de tuerca supone PERSEGUIDO (1947), de Raoul Walsh. Hay quien afirma que es la intrusión de la tragedia griega en el western, donde se encadena el psicoanálisis con el suspense y el cine negro con el melodrama, ya que supone la entronización del alma traumatizada, atormentada por los recuerdos de la infancia y acorralado por una patrulla que desea lincharle. Una libre mirada a “Cumbres borrascosas”: un niño huérfano es adoptado por una familia que tiene dos retoños: la hija le amará, mientras que su hermano le odiará… Se abre la puerta a las manifestaciones primarias: celos, ira, envidia, venganza… Superlativa resulta la película.

Sobre el terreno bélico también cabalgó Mitchum, muestra de ello es SOLO DIOS LO SABE (1957), de John Huston. Fácil sería menospreciar esta película diciendo que viene a ser un remake de “La Reina de África”, ahí están, ciertamente, las circunstancias de dos seres sitiados y que manifiestan incompatibilidad de caracteres que poco a poco se irá limando, y también el componente religioso… Naturalmente, a favor juega la soberbia actuación de Deborah Kerr, siempre le ha sentado bien el atuendo de monja. Hay que estar atento al inicio porque resulta fascinante, todo un juego con el montaje y un homenaje al cine silente, ocho minutos de perfecta escritura cinematográfica.

Y una película a rescatar, más que nada por la mala prensa que tuvo, más que nada porque me parece un cuadro poético, de una pintura y plasticidad envolvente, así como de una composición de planos maestra, en esta tesitura cinematográfica se desenvuelve LA HIJA DE RYAN (1970), de David Lean. Aquí la figura de macho de Robert Mitchum queda vilipendiada, ya que padece eyaculación precoz (es sensacional la escena de la noche de bodas), de ahí la insatisfacción de su mujer, que hallará unos brazos en los que recalar. No obstante la figura de Mitchum como hombre saldrá reforzada, el respeto alumbra su mirada. La película no resulta moralista (cosa que se agradece) porque evidencia el carácter puritano y de religiosidad mal entendida del pueblo irlandés, de este pueblecito costero irlandés en que se desarrolla la historia. Y, por favor, no se pierdan la escena inicial, cuando a la protagonista se le escapa la sombrilla y ésta vuela con el viento, el arte acaba de entrar en el cine.


-Fotogramas IZDA: 'No serás un extraño' // Fotograma DCHA: 'Cualquier día en cualquier esquina'-

Ahí, en Filmoteca Española, pasaré este verano. Un agosto junto a Robert Mitchum puede deparar un buen puñado de alegrías, y alguna que otra sorpresa, por ejemplo, con NO SERÁS UN EXTRAÑO (1955), de Stanley Kramer, o con CUALQUIER DÍA EN CUALQUIER ESQUINA (1962), de Robert Wise. Dos películas que no conozco y será un placer asistir a sus pases. Por favor, apaguen los móviles. El telón se alza. Que tengan una buena proyección. ¡Sean felices en el cine!.

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