ESTRENOS Y CRÍTICAS -Cine-


Estrenos y Críticas realizadas por: José María Ruiz
Fotografías y Portadas de las películas: -Extraídas de Internet-

ESTRENOS DE CINE

Sobre el formato cuadrado (4:3) tiende su escritura Stëphane Brizé a la hora de presentarnos EL JARDÍN DE JEANNETTE, adaptación cinematográfica de la novela: “Une vie”, de Guy de Moupassant. Pero esta concepción que lleva a cabo no resulta clásica, no se asienta en el equilibrado encuadre, ni siquiera se postula por el plano general, mucho menos por la cámara estática. Por ello recompone desde una mirada actual el ayer, con lo cual viene a comprimir el espacio y a dotar cierto grado de claustrofobia a la protagonista, personajes que algunas veces vienen a perderse en el cuadro. Una puesta en escena nada nerviosa, sino que denota una calma que va estremeciendo, pues asistimos a un melodrama de época. La obra tiene su inicio en la Normandía del año 1819, cuando Jeanne Le Perthuis des Vauds (Judith Chemla) retorna a la placidez del hogar paterno para curarse de un mal de amores. Allí conocerá a un vizconde, y la felicidad acudirá a sus mejillas, pero la vida viene a ser un triste y gris rayo de luz que se escurre entre las nubes. Se casarán, pero pronto descubrirá que es engañada por su marido… El jardín es la metáfora que nos acompaña durante la vida, una semilla que debemos plantar y saber regar para que dé sus frutos; un jardín que brilla durante la primavera, pero que padece las inclemencias del duro invierno, una frialdad que cala en los huesos, una impenitente escarcha que se traduce en días de barro; un jardín yermo, la mayoría de los años… La risa ha quedado difuminada, los días de esplendor son un punto en el recuerdo. Stëphane Brizé muestra personalidad a la hora de afrontar con delicadeza la vida de una mujer que nació para amar, mientras que el amor apenas la rozó. Conmueve la interpretación de Judith Chemla, todo un manifiesto de sensibilidad.
Surtsey Films


La película HOTEL CAMBRIDGE asume un reto difícil de cristalizar, ya que la directora: Eliane Caffé propone conjugar en un mismo plano el documental con la ficción, intentando llevar a cabo la desaparición de la frontera entre ambas concepciones cinematográficas. Así el documental refleja una verdad mientras que la ficción formula un intento de verdad; el primero muestra a las personas, mientras que el segundo dibuja a unos personajes… La película documenta el problema de los refugiados y las ocupaciones de los edificios, pisos abandonados en el centro de las ciudades (en este caso en Sau Paulo, Brasil), un fruto nacido de la desigualdad social. Y si la cámara debía ser testigo de la convivencia de refugiados y sintechos, es la puesta en escena quien desnaturaliza, máxime cuando introduce a actores que, puede pensarse, provocan la situación, así se encuentra a José Dumont (con 83 apariciones en películas y series) y a Suely Franco (64 obras a su espalda)… No obstante, en verdad, se hallan momentos poéticos: la lírica del refugiado palestino, la videoconferencia del muchacho mejicano con su hermana, la panorámica del edificio… No así la historia de amor, se ve el guión. En todo caso, la cámara irrumpe como hecho contestatario y con pulsión reivindicativa. A este ojo que es el cine no se le desahucia, aunque en esta película venga a echar en falta una mayor incidencia sobre las personas que habitan el edificio y cómo son sus estancias, eso pide el documental frente al plano-contraplano de la ficción.

Wanda Films

La película nos embarca en un retrato de mujer moderna con tres hombres al fondo, así LOS CASOS DE VICTORIA muestra a una mujer triunfadora profesionalmente, pero que en su vida personal resulta un verdadero desastre. Esta contraposición nos sitúa ante la comedia con tintes románticos. La directora y guionista Justine Triet no busca trazar un discurso feminista sobre la superheroína, sino que habla de la dificultad de alcanzar la felicidad en este mundo contemporáneo donde el tiempo se escapa en un suspiro. Tres vértices (tres hombres) irrumpen en su vida para traer el caos, aún más si cabe, a su existencia. Ella, una brillante abogada criminalista, deberá defender a un amigo acusado de intento de asesinato; viene a contratar a un ex narcotraficante como asistente y cuidador de sus dos hijas, y debe poner freno a un libelo que ha escrito su ex marido donde narra su vida licenciosa. Más allá de una notable actuación de Virginie Efira, la película tiende a la velocidad, vano intento de “screwall comedy”, aunque insufle ritmo en los diálogos, no obstante queda lastrada por una etiqueta de convencionalismo (véase el final). Se agradece que no trace un dibujo de amalgama purista sobre la protagonista. Se ve, sin más.
La Aventura Audiovisual


El cine británico destaca, en gran medida, por su fastuosa recreación de época, máxime si se decanta por el devenir de los años victorianos, y la película THE LIMEHOUSE GOLEM nos transporta al siglo XIX (1880 es el año en curso), ese Londres de bajos fondos y espacios teatrales ubicados en tabernas llenas de escabrosos vericuetos. El director español Juan Carlos Medina toma el mando en esta producción internacional, proponiendo tintes de “film noir” con elementos de gore, abundante manifestación de sangre. Perfilada sobre el barroquismo de la dirección artística, asistimos a la investigación que lleva a cabo un detective de Scotland Yard tras los pasos de un asesino en serie, a la vez que debe descifrar el misterio que encierra el juicio que transcurre contra una mujer acusada de envenenar a su marido. Destaca especialmente el elemento actoral, donde sobresale Olivia Cooke, un rostro angelical y lleno de fuerza, otorgando a su interpretación gran carisma. No cabe pasar por alto la intervención de la actriz española María Valverde, que para nada desentona, mostrando perversa gracia y una mirada electrocutante. No obstante, esta revisitación de Jack el destripador, con algún tinte de M, el vampiro de Düsseldorf, y bajo elementos de “Seven”, no viene a despertar un proceso de entusiasmo, ya sea por una impersonal dirección, ya sea por su falta de empatía, ya sea por su negación hacia la ternura. En todo caso, un dibujo de policromía oscura, donde los barrios bajos constituyen la platea de esta descomposición del ser humano profanado por el instinto animal, aunque busque en el arte la consagración y la perduración en la memoria de los años. La película apunta, pero no acierta en la diana.

Alfa Pictures



Sin lugar a dudas, el ser humano puede quedar sobrepasado por los acontecimientos, y a ello nos avoca CHURCHILL (2017), de Jonathan Teplitzky. No busquen una biografía en esta película, no estamos ante un biopic al uso, ya que esta se centra en un mínimo período de tiempo: las 48 horas anteriores al desembarco de Normandía. Unos días donde se nos muestra al líder británico (primer ministro y ministro de la guerra) ante el hecho de mandar a sus soldados a una matanza, donde las aguas se teñirán de rojo. La pesadilla se abate sobre él, los fantasmas toman vida llevándole a la depresión, sintiéndose perdido, en su mente renacen las imágenes de la batalla contra los Boers o el desembarco en Gallipoli, allá por el año 1915, la historia se repite cuarenta años después, toda guerra es una carnicería, no se aprende de los errores. El gran sostén de la película reside en la baza interpretativa, ya que se muestran muy por encima de la puesta en escena y de un guión contagiado de repeticiones. Ahí se encuentra Brian Cox, dando humanismo y desesperanza al gran líder, aportando una composición más allá del mimetismo; Miranda Richardson, la mujer del protagonista, contrapunto perfecto, un genio de frialdad que condensa magistralmente su estatus institucional; John Slattery, mano derecha del mandatario, confesor y mediador de su carácter, un compañero de batalla, un espíritu en la sombra, y Ella Purnell, la joven secretaria de Churchill, es la muestra de la inocencia y del corazón, la juventud que debe pervivir al infierno de la guerra, una actriz a seguir, ya deslumbró en “Vivir para siempre” (2010), de Gustavo Ron, su debut cinematográfico. Los actores hacen grande a la película.
A Contracorriente


No es una ligereza llevar a cabo una película ligera. Hay que estar dotado rítmicamente para conseguir una atmósfera primaveral y que obtenga un saludable bienestar en la butaca del cine. Y la película EN LUGAR DEL SR. STEIN (2017), de Stephane Robelin, posee un alto grado de ello, sobre todo porque está sustentado por un guión (también firmado por Stephane Robelin) de tendencia vodevilesca, donde los enredos y equívocos nutren el metraje, y afianzado en las nuevas tecnologías: internet y el skype son elementos fundamentales. El Sr. Stein es un jubilado que no sale de casa desde que murió su mujer, años ha; mas gracias a su hija viene a recibir clases de informática, a partir de ahí se abre para él un nuevo mundo, máxime cuando a través de una página web de citas contacta con una encantadora joven, pero él se presenta con la foto de su joven profesor… El juego está servido, un claro condimento de romanticismo regado de inteligentes diálogos nos conduce a un entretenimiento muy saludable. Naturalmente no alcanza la maestría de la comedia loca (“screwball comedy”), clásica norteamericana, pero se muestra como un alumno bien aplicado que nos lleva al regocijo, claro que no posee el ritmo frenético, pero si un pausado ritmo envolvente. La película no olvida mostrar su dosis de problemática social (el estado laboral de la juventud), e irrumpe como canto a la seducción (Cyrano de Bergerac en el espíritu), desvelando una naturaleza optimista. Al fin y al cabo estamos ante un refrescante batido de emociones, dulces en su mayoría.

Surtsey Films


Desde la dirección artística renace EL ÚLTIMO VIRREY DE LA INDIA, una luminosa mirada con sentido grado de la estética (tan ponderable en el cine británico), ya con el ejercicio de limpieza del palacio (un lance coreográfico), ya con el pudoroso movimiento de masas (una superproducción íntima), así como dando un postulado clásico a la cámara, que con energía asume Gurinder Chadha. La película narra los últimos meses del imperio británico en la India, aquel año 1947 donde la independencia trajo consigo el odio y la división, un traspaso de poderes que nos descubre la catadura moral de la política. La película se abre con un explícito rótulo: «la historia la escriben los vencedores»; y se cierra con unos contundentes datos: «catorce millones de desplazados y un millón de muertos»… La realidad se abre paso en esta ficción del cine, la directora es nieta de desplazados. Así juega la política con el ser humano. La acción viene a centrarse en el palacio donde vive el virrey con su familia y los 500 criados hindúes, musulmanes y sijs. En este mundo interior brotarán los altercados del exterior, un cataclismo que acabará condenando al país, y en ese maremágnum brota la historia de amor entre dos sirvientes de distintas religiones. Un melodrama brillante y una encomiable interpretación de Hugh Bonneville encarnando con hondura al virrey.

Wanda Visión


En los años 60-70 del siglo pasado aparecieron sobre las pantallas cinematográficas españolas dos cómicos sicilianos: Franco Franchi y Ciccio Ingrassia. Y venían a parodiar el cine de género, tanto el bélico (donde compartieron escena con Buster Keaton) como el de gánsteres, pero sobretodo haciendo hincapié en el spaghetti-western, ahí están «Dos pistoleros» o «El guapo, el feo, el cretino», que suponía una estrafalaria mirada a «El bueno, el feo y el malo», un humor blanco, caricaturesco y algo surrealista. Hoy parece que han quedado olvidados, se les puede recuperar en algún pase televisivo (en 8madrid), pero sirven como referente (lejano) de Ficarra y Picone, otra pareja de cómicos sicilianos que llegan hoy (verano 2017) a nuestras pantallas, aunque esta presentación sea con su quinta película: LA HORA DEL CAMBIO. Una mirada sin paliativos a la honradez de la política, una honradez que por naturaleza se extiende al ciudadano común, ya que esa es la utopía a la que nos precipita, porque un nuevo alcalde ha salido victorioso en las elecciones y trae el firme propósito de cumplir su programa electoral, todo un cataclismo en una sociedad que vive acostumbrada al caos de saltarse la ley… En definitiva, ¿estamos preparados para un mundo donde se sigan las reglas? Ficarra y Picone asumen la dirección, son coguionistas e interpretan a los cuñados (con la mala prensa que esto tiene) del nuevo alcalde. Una obra de “ciencia-ficción” (sin ciencia y con mucha ficción), donde sobresale el juicio crítico. Un cine basado en la irrealidad de la realidad y, como toda buena comedia, llevando al extremo los acontecimientos para irrumpir en una verdad que nos sobrevuela. Ahora cabe preguntarse si veremos algún día la cinematografía completa de esta pareja. ¿Qué derivas ha tomado su escritura?. De momento quedémonos con esta mirada introspectiva.

Vértice 360


El tango supone (es) la vida para María Nieves y Juan Carlos Copes, la pareja de bailarines más grande que ha proporcionado esta modalidad musical, y hoy (2016, año en que se grabó la película), el cineasta Germán Kral realiza un retrato virtuoso de su existencia en el documental UN TANGO MÁS. Porque nos presenta la historia de amor y odio de esta extraordinaria (tanto en la vida personal como profesional) pareja de bailarines, unidos de pies a cabeza por el tango, lo que se dice un amor en movimiento, todo un grado de evolución, porque si en verdad solo te enamoras una vez en la vida, ellos se enamoraron del tango, el tango estaba por encima de sus personas. Fueron cincuenta años de baile y amor, de odio y separaciones, pero siempre volvían a bailar juntos, desde aquella primera vez a finales de los años cuarenta en una milonga de Buenos Aires. La película trasluce pasión, nos lleva y nos trae de la mano por las emociones que supone dedicarse en cuerpo y alma a un ideal, la lucha por conseguirlo, el esfuerzo por mantenerse y la fe en el hecho del tango: el baile era puro sentimiento (su sentimiento interior y exterior)… La película se desata en belleza y nos transporta (visual e imaginariamente) al clásico musical americano, ellos se veían como Gene Kelly y Cyd Charisse, y verdaderamente fueron los más grandes en su especialidad. María Nieves y Juan Carlos Copes nos abren una mirada a sus corazones.


Surtsey Films

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