CRÍTICAS y ESTRENOS 2018 -Cine-


Estrenos y Críticas realizadas por: José María Ruiz y José Luis Panero
Portadas de las películas: -Extraídas de Internet-

ESTRENOS DE CINE



FOXTROP -José María Ruiz-
El título de la película hace hincapié sobre el popular baile, cuya ejecución termina donde se inicia, y cuyos movimientos vienen predeterminados, no se formula sobre la improvisación. Y en estos parámetros se mueve el director Samuel Maoz: el baile de un hombre con su destino, el baile de un país con su futuro. Un hombre, Michael; un país, Israel. El paralelismo se hace efectivo. Un hombre que en el primer minuto de la película recibe la noticia de la muerte de su hijo, caído en acto de servicio a la patria, estaba llevando a cabo el servicio militar obligatorio. La angustia y la desolación se apoderan de Michael, mientras le carcome una rabia interior que no se exterioriza a través del llanto, las lágrimas no asoman a su faz, y ello le lleva a autolesionarse. A este primer acto, donde la burocracia militar toma acto de presencia desde la notificación del luctuoso hecho a la preparación del entierro, viene a acontecer la visualización del trabajo militar al que estaba asignado el hijo, perdido en un remoto puesto de control. El surrealismo se hace patente, propiciando una lectura crítica a un país que vive en una guerra constante. La película se pronuncia en grado de sátira, aunque se ve lastrada por el protagonismo que infiere el director a la cámara, es decir, se hace palpable (se excede en travellings cenitales, aunque venga a reconocerle la utilización del dron en una secuencia puntual), por ello imprime artificiosidad, quitando naturalidad a las escenas, quizá sea esta la pretensión de Samuel Maoz: mostrar la incongruencia de un estado de sitio permanente. Toda una mirada a la frustración, una frustración al hombre y una frustración al país.

Wanda Visión


CUANDO DEJES DE QUERERME -José María Ruiz-
La poética del título viene a brindar homenaje al clásico: “Carta a una desconocida” (1948), de Max Ophuls, basada en la novela de Stefan Zweig, cuyas palabras iniciales de la misiva son “cuando leas esta carta estaré muerta”, obra que ya había sido homenajeada en la película de Jean-Pierre Melville “Cuando leas esta carta” (1953). De ahí que el director Igor Legarreta nos lleve a escrutar este “cuando dejes de quererme estaré muerto”, una carta escrita por una persona que ha fallecido, lo cual nos lleva a rememorar un luctuoso hecho, de ahí que nos encontremos ante un thriller, el género negro se hace palpable en esta coproducción hispano-argentina. Laura, que vive en Buenos Aires junto a su padrastro, recibe una llamada del País Vasco notificándole que ha sido encontrado el cuerpo de su padre enterrado en un bosque y con un balazo en el cráneo, cuando pensaba que su padre había abandonado a su madre hacía treinta años. Por ello debe viajar a su tierra natal, han transcurrido tres décadas y ahora viene a encontrarse con unos familiares que le resultan desconocidos. Acompañada de su padrastro y de un joven empleado de una aseguradora irán indagando las circunstancias de aquel asesinato, dando entrada en escena a la Guardia Civil y a la banda terrorista ETA. Esta investigación desatará las tinieblas de un pasado rebosante de “mierda” y sufrimiento. Estamos ante una película donde destacan las interpretaciones de Eduardo Blanco, el padrastro que es todo un amigo, el autor de la misiva que viene a recordar los hechos y una fuerza de naturalidad y comprensión; Flor Torrente, que asoma por primera vez a las pantallas españolas, personifica a una mujer sin un hogar definido, por ello se encuentra perdida, para ella todo viene a ser un oscuro descubrimiento, y Joaquín Climent, que alumbra un carácter sombrío y sobrio, con una pronunciada mirada. Lástima que el poso de profundidad que se aprecia en Mario Pardo no tenga mayor desarrollo, apenas aparece en un par de escenas. En definitiva, película decantada hacia el thriller, aportando su nota romántica, narrada toda ella en “flash-back” donde irrumpen continuos “flash-backs”, lo cual no impide una limpia narración (el espectador no se pierde) y el director no juega a ser protagonista.

Begin Again


EL INSULTO -José María Ruiz-
Valga una nimiedad para que explote una turbamulta, valga un pequeño incidente para escrutar a toda una sociedad, y así se pronuncia EL INSULTO, que de entrada nos advierte que “no refleja la postura oficial del gobierno”, lo cual constituye todo un aval, ya que no se solapa y se muestra libre de nubarrones. El director libanés Ziad Doveiri narra un hecho nimio, el insulto de un palestino musulmán a un libanés cristiano, y cómo este empieza a tomar visos de trascendencia nacional. Dos hombres que son maestros en su trabajo, trabajos manuales (un constructor y un mecánico), trabajos para beneficios de los demás, se ven inmersos en un juicio político para dirimir el asunto. Así todo viene a escapárseles de las manos, y vendrá a hacerse hincapié en los conflictos históricos a los que se han visto sometidos ambas comunidades, ya se ha perdido su individualidad y les han constituido en pueblo, en ejemplo del sometimiento al que han sido empujados sus etnias, de ahí que se produzca una introspección histórica. La película, en gran medida, se desarrolla en instancias judiciales, asistimos a un juicio donde hay un demandante y un acusado, que en verdad son dos demandantes y dos acusados, pues cada uno de ellos a la vez que es demandado queda transformado en acusado, porque, al fin y al cabo, al haber entrado en este mundo jurídico ya quien maneja los hilos son otros intereses, y la parte fiscal se hace protagonista, no por defender a su cliente, sino por defender su propia ideología, por erigirse en voz de una nacionalidad. El director Ziad Doveiri juega con las pautas de este género de cine, vertiente de cine negro con protagonismo de abogados imbuidos en togas, obra de giros y contragiros, no estamos ante el humor de Wilder en “Testigo de cargo”, ni siquiera ante los malabarismos de Perry Mason, sí más ante la interpelación a esos “Doce hombres sin piedad”, porque es al espectador a quien le va a tocar dirimir, porque se interpela al espectador, porque el espectador no puede quedar exento. Estamos ante una película de una seriedad incontestable.


A Contracorriente



C’EST LA VIE -José María Ruiz-
Las celebraciones de boda son todo un caldo de cultivo para la comedia cinematográfica, sobremanera la comedia blanca, ahí están los casos de “El padre de la novia” (1950), de Vincente Minelli, o “La boda de mi mejor amigo” (1997), de P. J. Hogan; aunque hay ciertos casos que sacan los pies del tiesto, como Luis García Berlanga en “Vivan los novios” (1970) o Peter Berg con “Very bad things” (1998)… También podría decirse que este día “más feliz” en la vida de la pareja es un subgénero dentro del cine cómico. Ya se sabe, no hay un año en que no caiga una película de bodas. Y en este 2017 (aunque se estrene en España en el 2018) le toca el turno a C´EST LA VIE, la cual se adentra en este fastuoso día, mas los directores y guionistas Oliver Nakache y Eric Toledano han venido a darle un ‘nuevo’ punto de vista, aquí el protagonismo no lo tienen los novios, sino que somos conducidos por el personal de catering, un fotógrafo y el DJ, es decir, por los trabajadores del convite, un equipo capitaneado por Jean-Pierre Braci. De ahí que asistamos a los entresijos de la fiesta de boda, no se ve el enlace matrimonial, sino que nos traslada a los preparativos de la decoración, disposición de mesas, los ensayos de sonido de la banda musical… La película transcurre en 24 horas, un día para montar y desmontar toda la parafernalia que conlleva la celebración de una boda en un lujoso castillo del siglo XVII, una única localización, pero más de 40 personajes que deambulan constantemente, es decir, una película coral, y este es el gran reto de puesta en escena, el cual queda superado con nota, aunque venga a recargarse en planos medios, si bien sobresale en algún plano-secuencia. Claro que por donde se descoyunta la película es en el tratamiento cómico, no logro encontrar ningún gag (el cine mudo no existe para esta pareja de directores), todo lo fían al barullo y al diálogo, claro que este se perfila sin inteligencia (cómo echamos de menos a Groucho Marx), ni siquiera los objetos devienen en motores de acción (la mirada de Jerry Lewis se ha perdido), salvo la utilización de los teléfonos móviles. Por momentos irrumpe en chillidos, por momentos aburre (y estamos ante una comedia), por momentos los actores sobreactúan (con Eye Haidara a la cabeza), por momentos apunta y no dispara (el punto de idilio entre un camarero y la novia)… Cabe concluir con un apunte en forma de reflexión, esta película francesa ha quedado finalista a los premios Goya a mejor película europea, de ahí que me haga dos preguntas: ¿tan mal está el cine europeo?, ¿qué cine europeo han visto los académicos este año? A los cineastas Nakache y Toledano se les recordará en gran medida por: “Intocable”, la medida de C´EST LA VIE resulta muy cortita.
A Contracorriente


¡DÉJATE LLEVAR! -José María Ruiz-
El contraste de caracteres supone una buena base para una comedia, el elemento introvertido sacudido por el elemento extrovertido, y ese es el punto sobre el que se asienta ¡DÉJATE LLEVAR! Aquí vienen a conectar un psiquiatra (Toni Servillo), que se encuentra a un paso de la diabetes por su gran afición al sedentarismo y a los dulces, por lo cual el médico le recomienda un cambio de dieta y que practique ejercicio, y ahí entra como un ciclón Claudia (Verónica Echegui), una entrenadora personal con una complicada vida sentimental. En ese trato diario vienen a reestructurarse sus personalidades y a conocerse mejor a sí mismos, en mayor medida en el semblante del docto hombre, el cual ni siquiera se involucra con sus pacientes: “yo les oigo, les pregunto algo de vez en cuando y así se conocen mejor”. A este punto es al que nos va a dirigir la película: a la comunicación. El director Francesco Amato nos muestra una comedia luminosa, soleada, chispeante (no en gran medida, la verdad) y agradable (de ver). Sin más, quizá apuntando con nostalgia a la clásica comedia italiana (mediterránea). Ciertamente, la película no pasará a los anales de la historia del cine, ni permanecerá en el recuerdo de los cinéfilos, peores cosas se han visto. Los seguidores de Servillo verán la otra cara del actor, dejando ínfulas mayores para calzarse unas zapatillas y vestirse un chándal, y así darse sus buenas carreras por el asfalto de Roma, quizá nos encontremos ante una autoparodia, naturalmente no es Cary Grant, ni siquiera Totó, es decir, no alcanza notabilidad (el texto tampoco da más de sí). Sin embargo, Echegui se muestra por momentos acelerada, es tal la vitalidad que infunde al personaje que saca de rueda a su compañero de reparto, lo cual propicia una descompensación. No obstante se muestra suelta, no se achica ante la celebridad de Servillo y merece que la película se vea en versión original, toda un logro su verborreica en italiano. Lo dicho: cine para pasar el rato, no posee mayores miras.
Adso Films


QUÉ FUE DE BRAD -José Luis Panero-
El guionista y director de cine Mike White se adentra con elegancia en los entresijos de la crisis de la mediana edad en los hombres con un resultado excelente. El filme sigue los pasos de Brad Sloan. Es un tipo normal, con una familia normal, un trabajo normal y una casa normal. Su conciencia le reprocha continuamente no haber hecho nada de provecho. A tres años de cumplir los 50 entra en una crisis existencial ante un hecho inevitable: su hijo Troy se ha hecho mayor y ha de ayudarle a elegir universidad. En un viaje cómico, irónico y tierno, padre-hijo por las facultades de Boston, Brad constata que todos sus ex compañeros han triunfado y él... no. ¿Pero qué puede hacer a estas alturas para que el mundo no se pregunte qué fue de él?

El laureado guionista, Mike White se centra en donde nadie quiere mirar si no es para hacer una ‘gracieta’ y quedarse en eso. Porque, desgraciadamente, el tema de las crisis de edad en el cine se ha manejado con bastante frivolidad. En Qué fue de Brad se pone el acento argumental en el eslogan “qué hubiera pasado sí”, que tiene su representación fílmica más acertada en la película Family man (Brett Ratner, 2000). Pero donde el cineasta estadounidense quiere llegar con esta cinta de crisis sobre la mediana edad es a aceptarse tal cual es uno, independientemente del éxito ajeno, principalmente de aquellos que fueron compañeros de andanzas del protagonista, por cierto interpretado impecablemente por Ben Stiller, seguramente en el mejor papel de toda su carrera.

A menudo nos quejamos de lo mal que nos va en la vida pero tampoco hacemos nada por enmendar esa situación. O nos dejamos impresionar por las apariencias sin conocer los entresijos personales de aquellos a quienes consideramos que les va mejor. En este sentido, la historia traza una revisión sobre nuestro pasado y pone negro sobre blanco que lo importante es valorarse a sí mismo. Valorar lo que tal vez no nos ha dado tiempo a hacer en otros contextos. Esa parte de la película resulta impecable.

Y no lo es menos el meollo que nace al albur de la relación que Sloan mantiene con su hijo, a saber, un joven fiel a su edad con quien experimenta otros momentos y otras situaciones que le hacen sentirse vivo de nuevo. Esa relación padre-hijo, tan estudiada en el cine contemporáneo, es otra de las grandes bazas del filme. Y lo que Mike White ha conseguido es el equilibrio entre quién soy en realidad y a quién pertenezco, es decir, entre las dos partes contextualizan la comedia. A todo ello colabora, naturalmente, un espléndido reparto que da la medida necesaria para encarar el conflicto de manera serena en esta propuesta madura y responsable, incapaz de dejar indiferente al respetable.

Vértice 360

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